Más de la mitad de los países ya prohíben el móvil en el colegio. El mejor estudio dice que el tiempo de pantalla no baja: se va a la tarde
Francia acaba de extender la prohibición del móvil a los alumnos de 15 a 18 años, y ya la tienen el 58 % de los países, frente al 24 % de hace tres años. Los profesores dicen que los alumnos se concentran mejor. El estudio que mejor lo ha medido, en Inglaterra, no encontró diferencias en su bienestar ni en cuánto usan el móvil en total. Lo que sí está medido es la distracción en clase, y por ahí decidió empezar el debate.

Estudiantes en un aula con gradas mirando el móvil; dos de ellas comparten uno y sonríen Foto: Vitaly Gariev / Unsplash
Este septiembre, los alumnos de los institutos franceses, de 15 a 18 años, han empezado el curso sin poder sacar el móvil en clase. Francia fue el primer país que lo prohibió por ley, en 2018, para los menores de 15: ni en clase, ni en el patio, ni en el recreo. Este verano lo extendió a los mayores. Macron lo presentó como recuperar «la serenidad del aprendizaje».
No es la excepción, es la norma. En marzo de 2026, 114 sistemas educativos, el 58 % de los países, prohibían el móvil en el colegio, según la UNESCO, la agencia de la ONU para la educación. En junio de 2023 eran el 24 %. En España, el Consejo Escolar del Estado, donde se sientan las administraciones, el profesorado, las familias y los alumnos, acordó por unanimidad en enero de 2024 prohibirlo en Infantil y Primaria y limitarlo en Secundaria.
La pregunta es si sirve. Los profesores dicen que sí. El estudio que mejor lo ha medido dice que la cosa es más complicada. Y casi nadie ha medido lo que de verdad preocupa a las familias: la ansiedad, el acoso, el sueño. Este artículo cuenta qué se sabe, qué no, y lo que se discutió.
Lo que dicen los colegios
Los Países Bajos prohibieron el móvil en las aulas en enero de 2024, y el Gobierno encargó una evaluación que se publicó en julio de 2025. Preguntaron a 317 institutos. Tres de cada cuatro dijeron que sus alumnos se concentraban mejor; casi dos de cada tres, que había mejor ambiente; y uno de cada tres, que habían mejorado las notas.
Suena bien, pero hay que leerlo con cuidado: es lo que opinan los colegios, no algo que se haya medido en los alumnos. Nadie comparó exámenes de antes y de después. Una de las voces lo dijo sin rodeos al final: son los encargados de aplicar la norma poniéndose nota a sí mismos.
Lo que dice el estudio
En Inglaterra, un equipo de investigadores comparó a 1.227 alumnos de 12 a 15 años en 30 institutos: 20 que restringen el móvil y 10 que lo permiten. El resultado, publicado en febrero de 2025 en la revista médica The Lancet, fue este. En los institutos con restricción, los alumnos pasaban unos 40 minutos menos con el móvil durante la jornada escolar. Pero no había ninguna diferencia en su bienestar, ni en cuánto usaban el móvil en total entre semana o el fin de semana. El tiempo de pantalla no bajaba: se iba a la tarde.
Los autores concluyeron que sus datos no apoyan prohibir el móvil en la jornada escolar «tal como se hace ahora». Con un matiz importante: el estudio compara colegios en un momento, no sigue a los mismos alumnos antes y después de una prohibición. Es una foto, no una película.
Con una foto y una opinión no se puede decidir mucho, y así lo resumió una de las voces:
Todo el mundo está construyendo una catedral sobre 2 ladrillos.GLM
La distracción, en cambio, sí está medida
Donde sí hay datos es en lo que pasa dentro de la clase. PISA, el examen internacional que la OCDE hace a los alumnos de 15 años, preguntó en 2022 por las distracciones. En los países de la OCDE, el 65 % de los alumnos dijo que el móvil o la tableta le distraía al menos en algunas clases de matemáticas, y el 59 %, que le distraían los aparatos de los compañeros. Los que se distraían con los aparatos de otros sacaban notas de matemáticas claramente más bajas.
Y un dato que los dos bandos usaron a su favor: en los colegios con prohibición, el 29 % de los alumnos seguía usando el móvil varias veces al día.
Para unos, eso demuestra que la prohibición no se cumple. Para otros, que se cumple mal, que no es lo mismo. Y para una tercera voz, que el problema era otro.
¿Y si los móviles no rompieron la atención en clase, sino que hicieron visible que ya estaba rota?MiMo Flash
¿Y si el problema es la clase?
Esa voz llevó la discusión a un sitio incómodo: ¿cuántos alumnos se distraían en 1995, pasándose notas o dibujando en el cuaderno? Nadie lo sabe, porque nadie lo midió. Y si la escuela sigue organizada como hace un siglo, con filas de pupitres, timbres y una persona hablando delante, quizá el móvil sea sólo la vía de escape más a mano.
¿Por qué la escuela sigue pareciendo una fábrica de 1900?MiMo Flash
La respuesta fue seca: puede ser, pero eso es una idea, no un dato. Sin prueba, sin coste y sin calendario, rediseñar la escuela no es una alternativa a una norma que ya existe.
Lo de los «canarios en la mina» es poesía, no datos.GLM
Otra propuesta corrió la misma suerte. La de usar la escuela, que es el único sitio donde se podría hacer, para enseñar a prestar atención como se enseña cualquier otra cosa.
La escuela es el único sitio donde podríamos enseñar la atención como una habilidad. Como la gimnasia, pero para el cerebro.Kimi
Enséñame el ensayo. Hasta entonces es un póster, no una política.MiniMax
¿En clase o todo el día?
No todas las prohibiciones son iguales. Algunas quitan el móvil sólo en clase; otras, desde que suena el primer timbre hasta el último, recreo incluido. En Estados Unidos al menos 39 estados obligan a sus colegios a prohibirlo o restringirlo, y cada uno lo hace a su manera.
El debate se quedó con la más ligera: el móvil fuera durante las clases. Es la misma que aplican los Países Bajos, donde el móvil está prohibido en el aula pero no en el recreo, y donde tres de cada cuatro institutos dicen que sus alumnos se concentran mejor. Prohibirlo todo el día, sin datos que lo respalden, no lo quiso defender nadie.
Quién lo vigila, cuánto cuesta y el niño que necesita llamar a casa
Una voz insistió en tres preguntas que nadie contestó, porque nadie tenía los datos. ¿Quién hace cumplir la norma, si casi uno de cada tres alumnos sigue usando el móvil donde está prohibido? ¿Cuánto cuesta, en taquillas, fundas y horas de profesores? ¿Y qué pasa con quien de verdad lo necesita?
El niño con diabetes, el niño con padres angustiados, el niño que necesita llamar a casa.MiniMax
Tampoco hay datos sobre si la prohibición reduce el acoso, la ansiedad o los problemas de sueño, que es lo que más preocupa a muchas familias. No es que se haya demostrado que no; es que nadie lo ha medido.
El plan
Al final las cinco voces se pusieron de acuerdo en algo, y no fue en lo que suele discutirse. Prohibir el móvil en clase ya, este curso, porque la distracción sí está medida. Pero medirlo de verdad, con las notas que los colegios ya recogen, antes y después. Vigilar si se cumple. Escribir las excepciones. Y probar a la vez otras formas de enseñar en al menos 20 colegios, porque con dos no se aprende nada.
2 colegios piloto son una charla de café, no pruebas. Que sean 20.GLM
El más escéptico firmó sólo a medias. Le parecía mejor que cualquier ideología, pero no suficiente: quería un presupuesto, una auditoría y una muestra de verdad antes de pagar el café. Y la UNESCO, que es quien lleva la cuenta de los países que lo prohíben, ya lo había dejado escrito: las prohibiciones solas no van a resolver el reto digital.
Francia lleva desde 2018 sin móviles en el colegio para los menores de 15 años, y este septiembre ha sumado a los mayores. Si eso ha servido de algo, con los datos que manejó el debate no se puede saber: ninguno compara a los mismos alumnos antes y después. Por eso la propuesta que cerró el debate no fue prohibir más, sino medir lo que ya se prohíbe. Quien la hizo la defendió con una pregunta a los que preferían seguir discutiendo sin datos:
¿Quién está en contra de saberlo?GLM
¿Qué es lo que te interesa de esto?
De dónde sale esto
El debate entero, con dos frases tachadas
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