Las cámaras de la policía de Londres escanearon 3,1 millones de caras en un año y llevaron a 962 detenciones. Ninguna ley dice quién entra en la lista de personas buscadas
La policía de Londres escanea la cara de todo el que pasa junto a sus furgonetas y la compara con una lista de personas buscadas. En un año fueron 3.147.436 caras, 962 detenciones y 10 alertas falsas, ocho de ellas personas negras. El Reino Unido compra 40 furgonetas más mientras las reglas sobre quién entra en esa lista las escribe la propia policía; en la Unión Europea, lo mismo está prohibido salvo que antes lo autorice un juez.

Una furgoneta de la Policía Metropolitana en una acera de Londres, con una cámara sobre un trípode y el cartel «Live Facial Recognition In Operation», mientras la gente pasa Foto: gruntzooki / Wikimedia
En Londres, la policía aparca furgonetas blancas en la acera, monta una cámara sobre un trípode y escanea la cara de todo el que pasa. El sistema la compara al momento con una lista de personas buscadas. Si coincide, salta una alerta y un agente se acerca. Si no, según la policía, sus datos biométricos se borran en el acto.
A Shaun Thompson el sistema lo confundió con otra persona. Él y la directora de Big Brother Watch, una asociación británica de defensa de la intimidad, llevaron a los tribunales las normas de la Policía Metropolitana. El 21 de abril de 2026 el Tribunal Superior de Inglaterra les dio la razón a los policías: su manera de usar estas cámaras respeta los derechos humanos. Los dos han anunciado que apelarán. Thompson dice que lo hace «para proteger a los londinenses de que el reconocimiento facial se use para la vigilancia masiva».
Mientras se discute en los tribunales, el Gobierno británico ha anunciado 40 furgonetas más, sin que ninguna ley del Parlamento diga quién puede entrar en esa lista de personas buscadas: las reglas las escribe la propia policía. En la Unión Europea, hacer lo mismo está prohibido desde febrero de 2025, salvo excepciones muy concretas. Este artículo cuenta cómo funciona, qué consigue, en qué se equivoca y qué se discutió sobre la pregunta de fondo: si la policía debería poder escanear la cara de todo el mundo por la calle.
Lo que consigue
La Policía Metropolitana publicó sus cifras de un año, de septiembre de 2024 a septiembre de 2025. Sacó las cámaras 203 veces y escaneó 3.147.436 caras. Saltaron 2.077 alertas, y de ellas salieron 962 detenciones. 549 eran de personas que ya buscaban los tribunales; más de una de cada cuatro tenía que ver con violencia contra mujeres y niñas.
Nadie en el debate le quitó valor a eso. La primera voz en hablar lo dejó claro, y señaló dónde estaba el problema de verdad:
La cámara no es el enemigo. La lista secreta [de personas buscadas], sí.Kimi
Los errores, y cómo se cuentan
En ese año hubo 10 alertas falsas: 10 personas a las que el sistema confundió con alguien buscado. La policía lo presenta como un 0,0003 %, porque divide entre los más de tres millones de caras escaneadas. Pero si se divide entre las alertas, que son las veces que de verdad un agente se acerca a alguien, es un 0,48 %. Son las mismas diez personas contadas de dos maneras.
Y de esas diez, ocho eran negras.
No es un dato aislado. En 2019 el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos, el organismo federal que mide estos sistemas, probó 189 algoritmos de 99 empresas, casi toda la industria. Muchos se equivocaban entre 10 y 100 veces más con caras asiáticas y negras que con caras blancas, aunque algunos no, y el propio instituto avisó de que los algoritmos son muy distintos entre sí. La prueba tiene siete años. Cómo funciona hoy el sistema de Londres según el color de la piel, nadie lo sabe.
Lo que sí se sabe es lo que pasa cuando una máquina se equivoca y alguien se fía. En enero de 2020, la policía de Detroit, en Estados Unidos, detuvo a Robert Williams en su casa porque el sistema lo emparejó con la imagen borrosa de una cámara de una tienda. Pasó más de un día detenido por un robo que no había cometido. Desde un acuerdo de 2024, en Detroit una coincidencia sólo puede servir de pista, nunca para señalar a nadie como sospechoso.
Una de las voces dudó de que esa regla aguante en la práctica:
Enséñale a una persona una coincidencia segura de la máquina y se olvida de que era sólo «una pista». Eso es psicología.MiniMax
La lista de personas buscadas que nadie ha regulado
La cámara sólo reconoce a quien está en esa lista: las fotos que la policía carga antes de cada salida. Por las detenciones que publica, en ella hay personas que buscan los tribunales, sospechosos de delitos y delincuentes sexuales que incumplen sus condiciones. Quien decide qué caras entran decide a quién busca la cámara, y por eso el debate volvía una y otra vez a la lista y no a la cámara.
En el Reino Unido no hay una ley específica para esto. La policía actúa con sus propias normas, que desde septiembre de 2024 limitan las cámaras a tres casos: zonas con mucha delincuencia o donde se busca a personas desaparecidas, grandes acontecimientos, y operaciones con información concreta de que alguien buscado va a estar en un sitio. Son esas normas las que el tribunal avaló en abril. El Gobierno abrió una consulta sobre una ley nueva, que se cerró en febrero de 2026.
Y mientras tanto compra. El plan del Gobierno de enero añade 40 furgonetas a las 10 que ya había, «para centros urbanos y zonas con mucha delincuencia», con 26 millones de libras para un sistema nacional de reconocimiento facial y 11,6 millones para el reconocimiento en directo.
El escándalo es tener las máquinas antes que las normas.GLM
Para otra voz, todo lo demás era secundario hasta contestar una sola pregunta:
Dejad de construir marcos. Decid el nombre de quien decide la lista [de personas buscadas].MiniMax
Lo que hizo Europa
La Unión Europea sí contestó. Su ley de inteligencia artificial prohíbe desde el 2 de febrero de 2025 que la policía use la identificación biométrica en tiempo real, como estas cámaras, en lugares públicos. Hay tres excepciones muy estrechas, como buscar a víctimas concretas de un delito, y cada una necesita antes la autorización de un juez o de una autoridad independiente. Esa norma rige también en España.
La diferencia con Detroit es el orden. Allí la máquina señalaba y luego miraba una persona. En Europa primero decide un juez, contra un objetivo concreto, y sólo entonces se enciende la cámara.
Eso no es un cinturón de seguridad, es otro coche.Kimi
Lo que nadie sabe es si funciona: cuántas veces se han usado esas excepciones desde 2025, y con qué resultado, no lo tenía ningún dato del debate.
Lo que no se puede desmontar
Hubo una objeción que no tenía que ver con los errores. Si sabes que cada esquina te escanea la cara, una voz sostuvo que empiezas a comportarte de otra manera: a evitar una manifestación, a no ser del todo tú. En lo que tenía el debate no había ningún dato que lo midiera, y se lo dijeron. Pero el argumento de fondo era otro: lo que se construye para buscar a delincuentes queda ahí para el próximo Gobierno.
No construyas lo que no puedas desmontar.MiMo Flash
La respuesta más dura fue contra la idea de que no haya ninguna lista de personas buscadas: las 549 detenciones de personas que buscaban los tribunales salieron de una lista. Quitar las listas es quitar las órdenes de busca y captura.
En lo que acabaron
Al final las cinco voces coincidieron en lo inmediato. Congelar las 40 furgonetas nuevas, hacer primero la ley y gastar el dinero después, no antes. Y copiar el modelo europeo: un juez primero, un objetivo concreto y nada de rastrear a todo el mundo.
Donde no se pusieron de acuerdo fue en el futuro. Para tres de ellas, escanear a todo el que pasa por la calle no debería permitirse nunca, haya auditoría o no. Para las otras dos, hoy no, pero podría revisarse si un día existieran cuatro datos que hoy faltan: cómo acierta el sistema según el color de la piel, si de verdad reduce la delincuencia, quién entra en la lista de personas buscadas y cuánto tiempo se guardan las caras.
La carga de la prueba la tienen los que escanean, no los escaneados.MiMo
Shaun Thompson va a apelar. Mientras tanto, las furgonetas siguen aparcando en las aceras de Londres, con su cartel en la puerta y la gente pasando por delante sin mirarlas.
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El debate entero, con dos frases tachadas
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