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Leyes de armas

En Estados Unidos, seis de cada diez muertos por arma de fuego en 2024 se quitaron la vida. Las leyes con más pruebas a favor son las que nadie discute

En Estados Unidos murieron 44.447 personas por un disparo en 2024, y la discusión sobre qué hacer gira casi siempre en torno a las matanzas y al crimen. Pero 27.593 de esas muertes fueron suicidios, un récord, y el Tribunal Supremo sigue ensanchando el derecho a llevar armas. Las leyes con más pruebas detrás no son las que salen en televisión: son las de guardar el arma bajo llave y subir la edad para comprarla.

Foto en blanco y negro de una mano disparando un revólver, con el fogonazo iluminando un fondo negro

Foto en blanco y negro de una mano disparando un revólver, con el fogonazo iluminando un fondo negro Foto: Tsvetoslav Hristov / Unsplash

Suicidios con arma de fuego en Estados Unidos en 2024, la cifra más alta registrada: el 62 % de las muertes por arma27.593
Homicidios con arma de fuego en Estados Unidos en 2024, frente a 20.958 en 202115.364
Armas en manos de civiles en Estados Unidos en 2017: 120,5 por cada 100 habitantes393 millones
Tipos de ley de armas que alcanzan la nota más alta de RAND, tras repasar 207 estudios4 de 18

En Estados Unidos mucha gente guarda una pistola cargada en el cajón de la mesilla de noche, por si un día entra un ladrón. Pero la pistola también está ahí la noche en que alguien de la familia lo está pasando muy mal y piensa en quitarse la vida. Y entonces la tiene a un brazo de distancia.

Eso es lo que más mata con armas de fuego en Estados Unidos. En 2024 murieron por un disparo 44.447 personas, según los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el organismo federal de salud pública, analizados por el Pew Research Center. De ellas, 27.593 se suicidaron: seis de cada diez, la cifra más alta desde que hay registros. Los asesinatos con arma fueron 15.364, y van a la baja: en 2021 fueron 20.958.

Y sin embargo, cuando Estados Unidos discute sobre armas, discute de matanzas en colegios, de bandas y de ladrones. Y las leyes que, según los estudios, mejor han demostrado que salvan vidas apenas aparecen en esa discusión. Son dos, y son poco vistosas: hacer responsable al adulto si un menor coge un arma que no estaba bajo llave, y subir la edad mínima para comprarlas. Este artículo cuenta por qué son ésas, por qué es tan difícil aprobar cualquier ley de armas en Estados Unidos, y qué se discutió sobre todo ello.

Cada ley, después de un susto

Para entender la discusión de hoy hace falta saber de dónde viene. Las leyes federales de armas, las que valen para todo el país, son pocas, y casi todas llegaron después de un disparo que conmocionó al país.

La primera es de 1934. Un año antes habían intentado matar al presidente electo, Franklin D. Roosevelt, y el Congreso gravó la fabricación y la venta de ametralladoras y escopetas recortadas, las armas de los gánsteres de la época.

La segunda, de 1968, llegó tras tres asesinatos: el del presidente John F. Kennedy, en 1963, y los de Martin Luther King y Robert Kennedy, en 1968. Prohibió vender armas por correo, subió la edad para comprarlas y prohibió comprarlas a los condenados por delitos graves, a los enfermos mentales y a los consumidores de drogas ilegales.

En 1993 llegó la ley Brady, y con ella algo que hoy vuelve a discutirse: durante cuatro años, de 1994 a 1998, hubo que esperar cinco días para llevarse una pistola comprada en una armería, mientras la policía miraba los antecedentes del comprador. En 1998 esa espera se cambió por una comprobación instantánea por ordenador, que es la que existe hoy.

En 1994 se prohibieron los fusiles de asalto: 19 modelos y sus copias. La ley se aprobó con fecha de caducidad, diez años, y el 13 de septiembre de 2004 caducó sin que el Congreso la renovara.

Y después, casi treinta años sin ninguna gran ley federal, hasta junio de 2022. Tras varias matanzas, el Congreso aprobó con votos de los dos partidos la Ley de Comunidades Más Seguras: revisa más a fondo a los compradores de 18 a 20 años y da dinero a los estados para programas de prevención de crisis.

Mientras tanto, otro actor había cambiado las reglas del juego.

El Tribunal Supremo, el muro

La Constitución de Estados Unidos protege desde 1791 el derecho a tener y llevar armas, en su Segunda Enmienda. En 2008, en el caso Heller, el Tribunal Supremo decidió por 5 votos a 4 que es un derecho de cada persona, no ligado a servir en una milicia, y que su centro es poder defenderse en casa. Con esa sentencia anuló la prohibición de las pistolas en Washington y una norma que obligaba a tener todas las armas de casa desmontadas o con candado, siempre, porque así no había forma de defenderse con ellas.

En 2022, en el caso Bruen, el Tribunal fue más allá y puso una prueba nueva: una ley de armas sólo vale si se parece a las que el país ya tenía en su historia. Si no se parece, la anula. Con esa regla tumbó una ley de Nueva York que dejaba a los funcionarios decidir, a su criterio, quién podía llevar un arma por la calle.

No todo lo que llega al Tribunal se cae. En 2024 mantuvo, por 8 votos a 1, la ley federal que quita las armas a quien tiene una orden de alejamiento por violencia doméstica: la historia, dijo, muestra que a quien amenaza a otro se le puede desarmar. Pero la tendencia es clara. Este junio decidió, por unanimidad, que la prohibición federal de tener armas a quien consume drogas no se le puede aplicar a quien sólo fuma marihuana de vez en cuando. Y tumbó, por 6 a 3, una norma de Hawái que impedía a quien tiene licencia entrar armado en tiendas y restaurantes sin permiso del dueño.

El otro muro es físico. Los civiles estadounidenses tenían en 2017 unos 393 millones de armas, según el Small Arms Survey, un centro de investigación suizo especializado en armas ligeras: 120 por cada 100 habitantes, y casi la mitad de todas las que hay en manos de civiles en el mundo. Una ley nueva sólo afecta a las armas que se vendan a partir de ese día; las que ya están en los cajones siguen ahí. Australia sí las recogió: tras una matanza en 1996, prohibió varios tipos de rifles y escopetas y compró a sus dueños 659.940. Lo que costaría algo así en Estados Unidos no lo tenía nadie en el debate.

Así que la pregunta útil es otra: dentro de lo que el Tribunal deja hacer, ¿qué leyes funcionan?

Qué leyes funcionan, según los estudios

Hay un trabajo que lo ha mirado todo. La RAND Corporation, un centro de investigación estadounidense, revisó varios miles de estudios sobre leyes de armas y se quedó con los 207 que cumplían sus requisitos de calidad. Con ellos pone a cada tipo de ley una nota, según lo seguras que sean las pruebas de que funciona. Publicó la última versión en enero de 2026.

La nota más alta se llama «pruebas a favor»: al menos tres estudios llegan a la misma conclusión, con datos distintos, y ninguno igual de serio dice lo contrario. Por debajo están «moderadas» (dos estudios o más), «limitadas» (uno) e «inconcluyentes» (los estudios se contradicen). De los 18 tipos de ley que RAND estudia, sólo cuatro sacan la nota más alta en algo. Así quedan las principales:

Guardado seguro: pruebas a favor de que salva vidas de jóvenes. Estas leyes hacen responsable al adulto si un menor coge un arma que no estaba bajo llave. Reducen los suicidios, los homicidios y las muertes por accidente entre los jóvenes. Y es un problema grande: desde 2020, en Estados Unidos las armas matan a más menores de 18 años que los accidentes de coche, según la fundación sanitaria KFF.

Edad mínima para comprar: pruebas a favor de que reduce los suicidios con arma entre los jóvenes.

«Mantén tu posición» (en inglés, stand your ground): pruebas a favor de que cuesta vidas. Estas leyes dejan a quien se siente amenazado disparar a matar sin intentar antes escapar, y hacen que haya más homicidios.

Permiso obligado para llevar un arma escondida: pruebas a favor de que cuesta vidas. Obligan al Estado a dar ese permiso a cualquiera que cumpla unos requisitos básicos, sin poder negárselo, y también hacen que haya más homicidios.

Comprobar los antecedentes del comprador: pruebas moderadas de que reduce los homicidios. Hoy sólo es obligatorio cuando vende una armería con licencia. Si un particular le vende a otro, en internet o en una feria de armas, la ley federal no lo exige.

Periodos de espera, unos días obligatorios entre comprar el arma y llevársela: pruebas moderadas de que reducen los suicidios con arma y los homicidios. Es la espera que Estados Unidos tuvo para las pistolas entre 1994 y 1998.

Prohibir los fusiles de asalto, lo que más se pide después de cada matanza: pruebas inconcluyentes. Estuvo en vigor diez años y los estudios no se ponen de acuerdo sobre qué consiguió.

Las dos leyes que salvan vidas tienen que ver con el suicidio. Y ahí RAND encontró otra cosa, que fue lo que más se discutió.

¿La pistola causa el suicidio, o sólo coincide?

Si se comparan los estados entre sí, los que tienen más casas con armas tienen más suicidios. Tanto que, según RAND, ese solo dato va ligado al 60 % de las diferencias en suicidios entre unos estados y otros, más que cualquier otra cosa que examinó.

La objeción fue la de siempre: que dos cosas vayan juntas no quiere decir que una cause la otra. Los estados con más armas suelen ser también rurales, están lejos de hospitales y de psiquiatras, y desconfían de que el Gobierno les diga lo que tienen que hacer. Cualquiera de esas cosas podría ser la causa de verdad.

Lo que rechazo es el salto de «va unido a» a «es la palanca».MiniMax

La respuesta fue que el guardado seguro no se apoya en ese 60 %, sino en otra cosa: estudios que miraron qué pasó en cada estado después de aprobar la ley. Son dos pruebas distintas que dicen lo mismo.

Dos líneas independientes, la misma dirección. Cualquier otra explicación tiene que tumbar las dos.GLM

Debajo había una discusión más de fondo. Para una de las voces, el problema de verdad es la desesperación, y la pistola sólo un síntoma, como la fiebre en una enfermedad. La respuesta fue que muchas crisis suicidas son muy cortas. Hay estudios que lo han medido: en uno hecho en Houston con supervivientes de intentos casi mortales, una de cada cuatro personas dijo que pasaron menos de cinco minutos entre decidirlo e intentarlo, y siete de cada diez, menos de una hora, según recoge el proyecto Means Matter de la Universidad de Harvard. En una crisis así, lo que se tiene a mano decide cómo acaba.

Cuando una crisis dura 10 minutos, el arma que está cerca no es la lectura del termómetro. Es el mecanismo.Kimi

El problema de la caja fuerte

Si el arma a mano es parte del problema, lo lógico es ponerle una llave. Pero una ley de guardado dice cómo hay que tener las cosas dentro de casa, y nadie va a entrar en las casas a comprobarlo.

¿Quién revisa 393 millones de casas? Sin nadie que la haga cumplir, es un símbolo.MiniMax

Hay una parte de la respuesta que no salió en la discusión y que está en cómo funcionan estas leyes: no inspeccionan las casas. Actúan después. Si un menor coge un arma que estaba sin guardar, el adulto responde ante un juez. Lo que buscan no es vigilar, sino que cada dueño sepa que esa noche, si pasa algo, la culpa será suya.

Lo que sí salió fue el choque con la defensa propia. Mucha gente tiene la pistola en la mesilla precisamente para cogerla deprisa si entra alguien, y una pistola bajo llave tarda más en cogerse.

Una caja fuerte en el armario no sirve de nada a las dos de la madrugada si no está cerrada.MiniMax

Y ahí entra otra vez el Tribunal. Una de las voces dio por hecho que el Supremo tumbaría las leyes de guardado, porque regulan lo que se hace dentro de casa. Otra contestó que no había ningún dato que lo dijera. Lo que dice la sentencia Heller está en medio: anuló la norma de Washington que obligaba a tener todas las armas bajo candado siempre, porque impedía defenderse, pero dejó escrito que su razonamiento no invalida las leyes que regulan cómo se guardan las armas para evitar accidentes. Leído así, una ley pensada para que un niño no coja la pistola tiene sitio; una que impida usarla contra un ladrón, no.

La salida que se propuso en el debate fue pensar la ley como una costumbre más que como un candado: que la tienda entregue el arma con su caja fuerte, que en los campos de tiro se enseñe a guardarla, que en las familias se vea normal tenerla cerrada. Nadie dijo que eso impida un suicidio. La idea era más modesta: poner un paso, una llave, un minuto, entre una persona en su peor momento y el arma.

A eso lo llamaron «roce»: todo lo que pone un paso más entre la mano y el arma, como una llave, una caja fuerte o unos días de espera. No impide nada, pero frena, y en una crisis de minutos frenar puede bastar.

Es un cambio de roce, no un muro mágico.MiMo Flash

Hubo también quien propuso ir directamente a por la desesperación: un teléfono de ayuda impreso en el manual de cada pistola y gente en los campos de tiro preparada para darse cuenta de que alguien está mal. Y propuso tratar las armas como los coches, con carné y seguro obligatorio. Esa idea no duró: la ley de Nueva York que tumbó el Tribunal en 2022 era precisamente una norma de licencias, y llamar de otra forma a una licencia no cambia cómo la lee el Tribunal.

El Tribunal lee la Constitución, no el nombre que le pongamos.GLM

¿Quién va a votar esto?

Quitar una ley que cuesta vidas, como la de «mantén tu posición», no choca con la Constitución: no se prohíbe nada, sólo se deroga una norma. Pero alguien tiene que votarlo.

Inténtalo en Florida. Los votos dicen cero.MiniMax
Y tu «cero» de Florida es una suposición, no una cifra.GLM

Ninguno tenía una encuesta que lo demostrara, y ninguno hizo como que la tenía. Lo que sí se sabe es hacia dónde va el país: en el último recuento, de principios de 2025, 29 estados dejan ya a los adultos llevar una pistola escondida sin ningún permiso.

Tampoco se pusieron de acuerdo en los plazos. Para unos, la pregunta era qué habría que cambiar, aunque este Tribunal no lo permita hoy.

Los tribunales cambian. La curva de los suicidios no espera.Kimi

Para otros no hay contradicción: se hace ya lo que el Tribunal deja hacer, y se sigue peleando por lo demás.

Las leyes aburridas

Al final, el debate llegó a la respuesta menos vistosa posible. Sí hay que cambiar las leyes, pero sólo las que tienen pruebas detrás: guardar las armas bajo llave y subir la edad mínima para comprarlas. Para pagarlo no haría falta una ley nueva: está el dinero para prevención de crisis de la ley de 2022. Lo de prohibir los fusiles de asalto, mejor dejarlo, porque sus pruebas no son concluyentes. Y dentro de cinco años, mirar si las cifras se han movido.

Una de las voces lo resumió con la palabra que se había repetido todo el debate: dejar las batallas que sólo sirven para la foto y poner el dinero en el roce, en esas llaves, cajas fuertes y esperas.

Dejad las peleas simbólicas. Pagad el roce.Kimi

Hasta el más escéptico firmó el plan, aunque sin celebrarlo.

Pero no lo llaméis victoria. Llamadlo el camino menos malo, con una incertidumbre de verdad.MiniMax

Y dejaron escrito lo que no sabían. Nadie tenía cifras de cuántas casas guardan sus armas bajo llave, ni de cuántas lo harían si la ley se lo pidiera. Nadie tenía el precio de regalar cajas fuertes. Nadie sabía cuántas de las muertes de 2024 fueron con un arma comprada legalmente, o sin comprobar los antecedentes del comprador. Y nadie sabía qué ha cambiado el Gobierno federal en las normas sobre armas desde enero de 2025.

Nadie propuso quitarle la pistola a nadie. Propusieron un candado en el cajón de la mesilla, y el minuto que se tarda en abrirlo.

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