Tennessee intentó ejecutar a una mujer y siguió viva. El mundo ejecutó en 2025 más que en ningún año desde 1981, y en EE. UU. los jurados casi han dejado de condenar a muerte
En Tennessee, Estados Unidos, una condenada sobrevivió esta semana a dos dosis de un fármaco letal, algo que según los expertos no había pasado nunca. Llega en un año extraño: el mundo registró en 2025 más ejecuciones que en ningún año desde 1981, pero en Estados Unidos los jurados dictaron 23 condenas a muerte, cuando hace treinta años eran más de 300. Y la pregunta de fondo sigue abierta: si un Estado puede justificar un castigo que no se puede deshacer.

La sala de ejecuciones de una prisión de Florida: una camilla vacía con correas de cuero y, en primer plano, un teléfono de pared Foto: Florida Department of Corrections / Doug Smith / Wikimedia
El miércoles, en una prisión de Tennessee, en Estados Unidos, le pusieron a Christa Pike dos dosis de un fármaco para matarla. No murió. Media hora después de la segunda dosis seguía respirando, roncaba de forma que se oía desde fuera, y en un momento levantó la cabeza y preguntó si el brazo tenía que sentirse así. Se la llevaron en ambulancia a un hospital.
Pike, que hoy tiene 50 años, fue condenada por matar en 1995 a Colleen Slemmer, de 19, una compañera del centro de formación donde estudiaban, en Knoxville. Ella tenía 18. Iba a ser la primera mujer ejecutada en Tennessee en al menos 200 años. Según la agencia Associated Press, la directora del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, Robin M. Maher, lo llamó «singular y sin precedentes»: otras siete personas habían sobrevivido a una ejecución porque no se les pudo poner la vía en la vena, pero nadie había sobrevivido después de recibir los fármacos. El gobernador del estado ha parado las ejecuciones que quedaban este año.
El caso llega en un momento extraño. En 2025 el mundo ejecutó a más gente que en ningún año desde 1981, y Estados Unidos casi duplicó sus ejecuciones. Pero en Estados Unidos los jurados apenas condenan ya a muerte, y el apoyo de la gente está en su punto más bajo en cincuenta años. Este artículo cuenta esas dos tendencias, que van en direcciones opuestas, y lo que se discutió sobre la pregunta de fondo: si un Estado puede justificar matar a alguien como castigo.
El año con más ejecuciones desde 1981
Amnistía Internacional, la organización de derechos humanos que lleva décadas contándolas, registró en 2025 al menos 2.707 ejecuciones, un 78 % más que el año anterior. Y la cifra se queda corta a propósito: no cuenta Vietnam ni Corea del Norte, donde Amnistía cree que se ejecuta mucho, ni China, donde calcula que son miles cada año pero el número es secreto de Estado. De las que sí se cuentan, ocho de cada diez fueron en Irán. Y casi la mitad, el 46 %, fueron por delitos de drogas, no por matar a nadie.
Mientras tanto, 145 países la han dejado, por ley o porque llevan años sin aplicarla. España es uno de ellos: aquí los últimos fusilados fueron cinco terroristas de ETA y del FRAP, el 27 de septiembre de 1975, y la Constitución de 1978 la abolió, del todo desde 1995.
Estados Unidos: más ejecuciones, menos condenas
Estados Unidos ya la suprimió una vez: el Tribunal Supremo anuló las leyes que la permitían en 1972 y la devolvió en 1976, con condiciones para hacerla menos arbitraria. En 2025 ejecutó a 47 personas, casi el doble que el año anterior, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, y sólo Florida hizo 19. Pero las condenas van al revés: los jurados dictaron 23, cuando hace treinta años dictaban más de 300 al año. Y el apoyo, según la encuestadora Gallup, está en el 52 %, el más bajo en unos cincuenta años; entre los menores de 35, la mayoría está en contra.
Ésa fue una de las grandes peleas del debate.
Los votos de la encuesta y los votos del jurado
Para unos, el 52 % es el argumento más serio a favor: la pena de muerte no es una idea de cuatro, es lo que piensa el estadounidense medio.
La mitad del país todavía apoya la pena de muerte. No es una opinión marginal: es la del estadounidense medio.MiniMax
Para otros, lo que cuenta es lo que hace la gente cuando le toca decidir de verdad. En una encuesta se contesta en un minuto; en un jurado se pasan semanas viendo las pruebas y la cara del acusado. Y ahí la respuesta es casi siempre que no.
Ése es el veredicto vivido, no el de la encuesta.Kimi
Hasta el que defendía el 52 % acabó dándoles la razón: «Me fío más de los veredictos de los jurados que de las encuestas», dijo MiniMax hacia el final.
¿Disuade de matar?
El argumento clásico a favor es que la amenaza de la pena de muerte hace que haya menos asesinatos. Sobre eso hay una respuesta oficial. En 2012, el Consejo Nacional de Investigación, el organismo de las Academias Nacionales de Estados Unidos que asesora al Gobierno en cuestiones científicas, revisó más de treinta años de estudios y concluyó que la investigación «no permite saber si la pena de muerte reduce, aumenta o no tiene efecto sobre los homicidios», y recomendó no usar esos estudios para decidir leyes.
Es decir: no se sabe. No es que esté demostrado que no disuade; es que nadie ha conseguido medirlo. Una de las voces dio la vuelta al argumento de la falta de pruebas: si no se sabe, quien quiere matar es quien tiene que demostrar que sirve.
Matar necesita una justificación, no al revés.MiniMax
El error que no se puede deshacer
Ahí entró el argumento que más pesó en el debate. Desde 1973, al menos 200 personas condenadas a muerte en Estados Unidos han sido exoneradas después, es decir, declaradas inocentes o liberadas de los cargos, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte. La número 200, Larry Roberts, salió en julio de 2024, después de 41 años.
Esas 200 no son inocentes ejecutados: son los errores que se descubrieron a tiempo. Cuántos inocentes se han ejecutado no lo sabe nadie, y el debate lo dijo así. Tampoco se sabe de cuántas condenas en total salen esos 200, así que no se puede calcular un porcentaje de error.
200 exoneraciones, ¿de cuántas condenas a muerte desde 1973? Ese denominador no está en estos datos, y no lo voy a estimar.MiniMax
Para otra de las voces, eso no debilita el argumento, sino que es el argumento: si no se puede medir cuánto falla una máquina que mata, no se pone en marcha.
Si una ingeniera no puede medir la tasa de fallos, no lo pone en marcha donde un fallo es mortal.GLM
Y la diferencia con la cárcel la resumió otra en dos frases:
Larry Roberts perdió 41 años, pero salió. Un muerto no recupera nada.Kimi
El argumento que nadie quiso defender
Hay un argumento a favor que no depende de si disuade ni de las encuestas: que hay crímenes tan graves que cualquier castigo menor no hace justicia a la víctima. Lo planteó una de las voces al principio.
Hay crímenes distintos en su naturaleza. El asesinato de un niño. Las matanzas. La tortura.MiniMax
Y avisó de que nadie le estaba contestando: «Ese argumento no se ha rebatido; se ha esquivado». La respuesta que llegó fue que la cadena perpetua también es una respuesta dura, y que tiene una ventaja: se puede deshacer. Y otra, con datos: si la pena de muerte fuera para los peores crímenes, casi la mitad de las ejecuciones del mundo no serían por drogas.
Es justo decirlo: en este debate nadie defendió la pena de muerte hasta el final. Al terminar, las cinco voces estaban de acuerdo en que ningún Estado demuestra hoy que pueda justificarla. El argumento de la justicia proporcionada, que es el que defiende la mitad de Estados Unidos, se planteó, pero nadie lo sostuvo con la misma fuerza que los demás.
¿Para qué sirve, entonces?
Si no disuade, falla y la gente la pide cada vez menos, ¿por qué sigue? Una de las voces dio una respuesta incómoda: que no es justicia, sino un gesto del poder.
Eso no es un sistema de justicia. Es un ritual.MiMo Flash
Otra le paró los pies con los números: casi todas las ejecuciones del mundo son de un solo país, Irán, así que lo que se diga del «para qué» de la pena de muerte en el mundo es, sobre todo, lo que se diga de Irán. Y por qué Irán ejecuta tanto, o por qué Florida hace el 40 % de las ejecuciones de Estados Unidos, no lo explica ningún dato. Lo de «ritual» es una interpretación, no una cifra.
Al final la mesa llegó a un sitio parecido por caminos distintos. Ningún Estado ha demostrado que la pena de muerte funcione ni que no se equivoque, y con algo irreversible eso basta para no usarla. El más escéptico lo dijo sin celebrarlo: quitarla no cierra la discusión.
Abolirla no es el final de la conversación: es el principio de una más difícil.MiniMax
Y dejaron escrito lo que les faltaba: cuánto cuesta la pena de muerte frente a la cadena perpetua, y qué quieren las familias de las víctimas, que no son todas iguales.
Christa Pike está en un hospital. El gobernador ha parado las ejecuciones hasta fin de año; qué pasará con ella después, no se sabe.
Una incertidumbre que no podemos borrar no justifica un error que no podemos deshacer.GLM
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El debate entero, con dos frases tachadas
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