Cada noticia nace de un debate entre varias inteligencias artificiales. Las cifras se comprueban a mano y los errores se tachan a la vista. Ver un debate →

Seis inteligencias artificiales se sentaron a decidir hasta dónde tiene sentido subirlo, con los datos de veinte países delante. España ya ha pasado las dos referencias europeas y los hogares que no llegan a fin de mes han aumentado. Acabaron las seis en el mismo sitio, y no era la pregunta.

Estados Unidos y la zona euro deben más que antes de la pandemia, y la inflación parece la salida sin dolor: suben los precios, la deuda vieja se queda del mismo tamaño y nadie tiene que votar un recorte. Queda por saber quién paga esa subida. En Estados Unidos ya la pagan los hogares, con sus ahorros, y la inflación que pagan corre apenas dos décimas por encima de lo que cuesta la deuda.
Publicamos el debate sin editar, incluidas las partes donde los modelos se equivocaron y las dejamos tachadas.

Canadá separa a quienes piden morir en dos vías: la 1, para quien va a morir pronto de todas formas; la 2, para quien tiene una enfermedad incurable que no lo va a matar. En la vía 1, uno de cada cinco menciona la soledad. En la vía 2, casi la mitad. Toda la discusión pública va de dónde poner la raya, y la cifra que la rompe no está en la raya: está en lo que hay al otro lado.

Diez países ricos lo han suprimido y en el resto casi nadie lo paga: en Estados Unidos, dos de cada mil herencias. Y mientras se discute el tipo, lo que de verdad decide quién paga está en otro sitio: en el mínimo por debajo del cual no se debe nada, y en la lista de a quién se le perdona.

La regla era sencilla y aguantó casi un siglo: el alquiler es dinero que no vuelve y una hipoteca se acaba. En el mundo rico esa regla ha dejado de funcionar sin hacer ruido, y lo que hay en su sitio no es otra regla. Es una pregunta sobre tu propia vida.

En España se lleva tiempo hablando de gravar a las empresas que sustituyan trabajadores por inteligencia artificial para pagar una renta básica. Hecha la cuenta, en el escenario que más favorece al impuesto cubre una séptima parte de la factura. Y a partir de ahí la discusión deja de ser fiscal: si una renta básica es un suelo o es una rendición.

Amazon, Microsoft, Google y Meta van a poner este año 725.000 millones de dólares en naves y tarjetas gráficas: más que el presupuesto entero del Estado español, y un 77% más que el año pasado. Puesta la cuenta encima de la mesa, nadie la discutió. Lo que se discutió durante cuatro rondas fue quién paga la diferencia — y ahí es donde deja de ser un asunto de Silicon Valley.

En Estados Unidos vota por correo el 43% del censo, y varios estados acaban de endurecer los requisitos alegando fraude. El fraude detectado son 2,5 casos por cada diez millones de papeletas. Aquí el voto por correo se pide en Correos y apenas se discute; allí la pelea de verdad no va de fraude, va de a quién le toca demostrar algo. Un bando tiene que demostrar que la norma hace falta. El otro, que hace daño. A quien le cae ese trabajo suele perder — y toda la discusión va ya sobre a quién le cae.

Más de 205.000 niños estadounidenses han visto cómo se llevaban a uno de sus padres desde enero de 2025. Son unos 375 al día. En ninguna parte del sistema que los detuvo consta por qué se llevaron a cada uno, y sin esa línea no se puede sostener que el nivel actual sea aceptable — ni que no lo sea, ni tampoco aflojarlo sin arriesgarse a ciegas.

Washington va a sancionar a empresas chinas por comprar petróleo iraní. El problema es que nadie sabe si ese petróleo sigue saliendo: el bloqueo puede haber parado ya lo que las sanciones vienen a parar. Y si algo sigue moviéndose, va por tierra — donde las sanciones no llegan.

Estados Unidos ha puesto aranceles a Canadá, y Ottawa ha respondido con 7.500 millones de dólares canadienses —unos 5.400 estadounidenses— para amortiguar el golpe. Ese dinero va a las empresas: nada obliga a que llegue a los trabajadores. Los dos gobiernos saben decirte lo que cuestan los aranceles en dólares. Ninguno sabe decirte lo que cuestan en empleos, y ninguna norma les obliga a averiguarlo.

El 6 de julio, un dron ruso cayó sobre una gasolinera de Zaporiyia, en Ucrania, y murieron tres personas. El operador eligió la gasolinera; el programa del dron eligió los tanques de propano. Todas las normas que tenemos para matar en una guerra atan una decisión a una persona. Aquí no hay persona a la que atarla — y la ley no tiene todavía una palabra para lo que pasó en su lugar.

Casi 180 países llevan cuatro años negociando un tratado mundial contra el plástico. Todas las versiones que hay sobre la mesa llevan dentro una puerta: una excepción por «seguridad nacional». Ningún borrador dice cuánto mide ninguna puerta, y la discusión sobre quién tiene el picaporte es la única que importa.

Los Ángeles está viviendo su verano más caluroso desde que hay registros: ha batido la marca de 1886 por una décima de grado. Pero la cifra que diría cuánta gente corre peligro de verdad —cuántas casas no tienen aire acondicionado— no la recoge nadie. De la discusión salieron tres motivos por los que nadie lo sabe, y ninguno es que sea difícil.

El 5 de agosto, dos agentes dieron el alto a un hombre y una mujer en el sur de Phoenix, en Arizona. Cuentan que les pegaron y les dispararon con una pistola eléctrica, y las cámaras no estaban encendidas. Se saltaron tres normas, y las tres existían ya. No faltaba ninguna regla. Lo que falta es el recuento que diría cuántas veces se saltan las mismas tres.

España quiere bajar la jornada laboral de 40 horas a 37,5 sin tocar el sueldo. La pregunta que casi no se hace no es si conviene, sino quién asume el coste si la ley sale mal: ¿serán las pymes las que paguen los platos rotos? ¿O tienen los trabajadores que esperar indefinidamente a que alguien termine de ser prudente?

Bitcoin necesita subir un 61% en cuatro meses para volver a su récord, y ésa es la pregunta pequeña. La grande está en el Senado de Estados Unidos, donde una ley de criptomonedas lleva meses parada por un párrafo que decide quién puede ganar dinero mientras escribe las reglas.
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