La inflación iba a encoger la deuda. Al ritmo de hoy, apenas cubre los intereses
Estados Unidos y la zona euro deben más que antes de la pandemia, y la inflación parece la salida sin dolor: suben los precios, la deuda vieja se queda del mismo tamaño y nadie tiene que votar un recorte. Queda por saber quién paga esa subida. En Estados Unidos ya la pagan los hogares, con sus ahorros, y la inflación que pagan corre apenas dos décimas por encima de lo que cuesta la deuda.

«Until debt tear us apart» —hasta que la deuda nos separe— pintado en negro sobre una pared de ladrillo, con una cámara de vigilancia encima Foto: Julie Ricard / Unsplash
Encima de la mesa de una cocina de Ohio, en Estados Unidos, hay un sobre de la compañía de la luz. Lleva ahí desde que llegó el correo, y el hombre que vive en el piso lo abrirá después de cenar.
Con el estómago lleno.
Trabaja de noche en un almacén y vive en un segundo sin ascensor, encima de una lavandería. Este año le subieron el sueldo un 3,1%, más o menos lo que subió el sueldo medio del país. Los precios subieron un 3,4%. La luz, un 16,3%.
No tiene placas solares, ni un casero que le deje ponerlas, ni un trabajo que se pueda hacer desde casa. Luz no puede gastar menos. Puede gastar menos en otra cosa, o guardar menos.
La salida que nadie tiene que votar
Muy por encima de esa mesa hay otra factura, mucho más grande, que tampoco abre nadie.
El Estado federal de Estados Unidos debe el 122,6% de todo lo que el país produce en un año. Antes de la pandemia debía el 105,8%. La zona euro —la nuestra— debe el 88,9%, y entonces el 83,3%.
Por eso sale siempre, en voz baja, la inflación. El argumento no es tonto. Cuando suben los precios, la economía medida en dinero crece, y con ella lo que se recauda. La deuda, pedida en dinero de antes, se queda igual. Nadie vota un recorte, nadie firma una subida de impuestos, y la proporción baja sola.
Y ya funcionó una vez. En Estados Unidos la deuda tocó techo en el 132,7% en la primavera de 2020 y bajó al 115,6% a principios de 2023. En la zona euro pasó del 98,4% al 86,5%. Fueron los años del último gran arreón de los precios.
Los datos ya confirman que la expansión nominal funciona.Qwen
Lo difícil es lo que vino después.
Lo que cuesta la deuda, y por qué la inflación apenas llega
Desde aquel suelo, las dos han vuelto a subir: al 122,6% en Estados Unidos y al 88,9% en la zona euro.
La historia de «la inflación funcionó una vez» es, en realidad, «la inflación funcionó y luego dejó de funcionar».MiniMax
Una parte de la explicación es que la inflación se calmó. Entre 2023 y este verano, los precios en Estados Unidos subieron menos del 3% anual en 17 de 40 meses; en la zona euro, en 29 de 32. La deuda subió con menos inflación que la de ahora, así que esos años dicen poco de lo que haría la de hoy.
La otra parte es aritmética, y es la que le importa al hombre del sobre.
La inflación sólo se come una deuda mientras corre más deprisa que los intereses que se pagan por ella.
La inflación reduce la deuda sólo mientras los tipos se quedan por debajo.GLM
El Estado federal pagó en su último ejercicio, en intereses netos, el 3,2% de lo que produce el país. La deuda por la que los paga —la que está en manos de otros, no la que se debe a sí mismo en sus propios fondos— es el 98,7%. Se divide una cosa por la otra y la deuda le cuesta, de media, en torno a un 3,2% al año. Los precios suben un 3,4%.
Dos décimas. Ésa es toda la salida sin dolor.
Quién la paga, y con qué
Así que la pregunta que se salta el argumento no es si la inflación puede pagar la deuda. Es quién paga la inflación mientras lo intenta.
La inflación puede reducir el peso real de la deuda, pero lo hace erosionando el valor de los ahorros y de los ingresos que no se ajustan. No es un efecto secundario: es el mecanismo.DeepSeek
Los ingresos que no se ajustan tienen nombre: el del almacén, con su 3,1% debajo de un 3,4%. En la zona euro los sueldos subieron un 3,1% y los precios un 3,3%. A los dos lados del Atlántico el sueldo medio va un poco por detrás, y la factura que nadie puede aplazar —la energía— sube cuatro o cinco veces más deprisa que todo lo demás.
Los inquilinos, los que trabajan de noche, quien no tiene capital ni permiso del casero, no pueden escapar fácilmente de una energía al 16,3%.DeepSeek
Lo que han hecho los hogares estadounidenses es tirar del ahorro. Hace un año, de cada 100 dólares que entraban en casa se guardaban 4,5. Ahora, 3. El consumo, descontada la subida de precios, sigue creciendo un 2,1%, y así es como: de la hucha.
Los hogares no están absorbiendo la subida de precios con lo que ganan; la están absorbiendo vaciando el colchón. Es lo contrario de aguantar: es una cuenta atrás.MiniMax
Al ritmo del último año, la hucha media quedaría vacía en unos dos años. Es una cuenta, no una profecía, y la media esconde a los que llegaron a cero hace tiempo.
Al lado hay una cifra más amable. Lo que los hogares de Estados Unidos pagan por sus deudas se lleva el 11,2% de lo que ganan; antes del crac de 2008 se llevaba el 15,8%. Hay margen. La última vez que se acabó, acabó en crisis.
Europa ahorra, pero de miedo
Al otro lado del Atlántico —el nuestro— el cuadro parece más tranquilo. Parece.
Los hogares de la zona euro ahorran el 14,3% de lo que ganan: más que antes de la pandemia (12,6%) y algo menos que hace un año (14,9%). Hay colchón. Pero la confianza del consumidor está en -15,5, peor que hace un año y muy por debajo de su media desde 2000, que es -10,6.
El 14,3% de ahorro de la zona euro no es tranquilidad: una confianza de -15,5 frente a una media de -10,6 dice que ese ahorro es miedo, no libertad.DeepSeek
Y ésa era justamente la pregunta de partida: si los hogares, apretados, dejan de gastar. En Europa el colchón está, y la gente se agarra a él.
Las soluciones, todas sin precio
Sobre qué hacer salieron tres respuestas y ninguna factura. La primera, dejar correr la inflación y aprovecharla para levantar la economía sobre otros cimientos: participaciones públicas repartidas entre los ciudadanos, sueldos que se ajustan solos en tiempo real. Se llevó esto:
Que la inercia de las instituciones no sea eterna no significa que una charla TED la vaya a vencer.MiniMax
La segunda, proteger ya a los hogares más expuestos, en lo que todo el mundo estuvo de acuerdo y nadie supo pagar. La tercera, fijar unos umbrales de alarma para el ahorro y las deudas, y se le contestó que eran números sacados de la manga. Contra las tres, la misma exigencia:
Elegid un número o elegid un mecanismo. No elijáis los dos y lo llaméis síntesis.MiniMax
Lo que nadie sabe
Tres cosas, y ninguna está escondida. Nadie sabe en qué punto los hogares dejan de absorber la subida y empiezan a recortar. Nadie sabe cuánto de la bajada de la deuda después de 2020 fue cosa de la inflación y cuánto del crecimiento o de los presupuestos. Y nadie tenía la cifra que lo resolvería todo: el saldo primario —lo que el Estado ingresa menos lo que gasta, antes de pagar un solo euro de intereses—. Si ése sale en rojo, la deuda crece hagan lo que hagan los precios.
La cifra que decidiría el camino es el saldo primario. No la tengo. Nadie aquí la tiene.GLM
Así que la salida sin dolor se apoya en dos décimas, en una cifra que nadie tiene y en los ahorros de gente que se los está gastando. Tú dirás.
Un número no nos dice cuándo un hogar tiene que elegir entre la calefacción y las medicinas.DeepSeek
En Ohio ya han cenado. El sobre está abierto encima de la mesa, junto al frutero. Lo lee dos veces, y luego mira cuánto queda en la cuenta.
De dónde salen las cifras
La deuda pública, de la Oficina de Gestión y Presupuesto y del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Reserva Federal de San Luis, y de Eurostat para la zona euro. Precios y sueldos, de la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense y de Eurostat, de agosto de 2026 (la cifra de la zona euro es la primera estimación). Ahorro, consumo y carga de la deuda de los hogares, de la Oficina de Análisis Económico y de la Reserva Federal. La confianza del consumidor, de la Comisión Europea. El interés efectivo —intereses netos sobre la deuda en manos del público— y los meses por debajo del 3% son cuentas nuestras sobre esas mismas cifras.
Las citas salen de un debate de veinticinco turnos entre seis modelos de inteligencia artificial, publicado entero. Se les puso delante un informe de cifras comprobadas con una sola instrucción: si un dato no está aquí, di que no lo tienes en vez de estimarlo. Se perdieron dos turnos porque un modelo no contestó.
Hubo que tachar catorce afirmaciones, seis de ellas por falsas, y los dos errores que más se repitieron nacieron en nuestro propio informe. Ponía en la misma línea los intereses del Estado federal y su deuda total, y un modelo dividió una cifra por la otra: un interés efectivo del 2,6%, ocho décimas de margen sobre la inflación y un veredicto —«Inflation had its trial», «la inflación ya tuvo su juicio»— que recorrió el resto del debate y que hicieron suyo cuatro de los seis. Pero los intereses eran netos y la deuda era total, contando lo que el Estado se debe a sí mismo. Con la misma vara, el margen es de dos décimas. Y el informe decía que la deuda había vuelto a subir desde 2023 sin decir cuánta inflación hubo en esos años, así que tres modelos escribieron que subió «mientras los precios corrían al 3,4%», que era la cifra de agosto y no la de esos tres años. La conclusión aguanta. La cuenta que la sostenía, no.
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El debate entero, con catorce afirmaciones tachadas
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