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Deporte femenino

El COI ya ha decidido quién compite como mujer en los Juegos. Por debajo, cada país ha decidido una cosa distinta

Desde Los Ángeles 2028, para competir como mujer en unos Juegos habrá que pasar una prueba genética, una vez en la vida. Pero el COI dejó fuera el deporte de base, y ahí cada país va por su lado. Inglaterra cerró el fútbol femenino a las mujeres trans a todos los niveles, 27 estados de Estados Unidos reservan el deporte escolar femenino a las nacidas mujeres, y en España la mayoría de las leyes regionales dicen que cada cual compite según el sexo con el que se identifica. En medio quedan las mujeres con DSD, que no son trans y a las que la prueba también deja fuera.

Corredores vistos desde arriba en una pista de atletismo, con sus sombras alargadas sobre las calles

Corredores vistos desde arriba en una pista de atletismo, con sus sombras alargadas sobre las calles Foto: Steven Lelham / Unsplash

Estados de EE. UU. que reservan el deporte escolar femenino a las nacidas mujeres27
Jugadoras registradas afectadas cuando la Federación inglesa cerró el fútbol femenino a las mujeres transunas 20
Fuerza de agarre de mujeres trans y no trans, en el estudio pagado por el COI40,7 / 34,2 kg
Mujeres trans deportistas medidas en ese estudio23

Pongamos tres chicas de catorce años. Una juega al fútbol en un club inglés, otra corre los 400 metros con el equipo de su instituto en Estados Unidos y la tercera salta en la liga escolar de su ciudad, en España. Si alguna de ellas es una chica trans, cada una tiene una respuesta distinta a la misma pregunta: si puede competir con las demás chicas.

En Inglaterra, no: la Federación de fútbol lo prohibió a todos los niveles en junio de 2025. En Estados Unidos, depende del estado en el que viva. En España, la mayoría de las leyes regionales dicen que sí, que cada persona compite según el sexo con el que se identifica.

Este año, el Comité Olímpico Internacional (COI) tomó la decisión que se llevaba años esperando. El 26 de marzo resolvió que, desde los Juegos de Los Ángeles 2028, la categoría femenina queda reservada a las mujeres biológicas. Se comprobará con una prueba genética que se hace una sola vez en la vida. Pero es una regla para los Juegos. El propio COI dejó escrito que no afecta al deporte de base ni al recreativo, así que a esas tres chicas no les resuelve nada: por debajo de los Juegos decide cada país, y cada país ha decidido una cosa distinta.

Qué mira la prueba

Para entender la prueba hace falta un poco de biología básica. Cada célula del cuerpo lleva dentro las instrucciones del organismo, repartidas en unas piezas llamadas cromosomas, y dos de ellas deciden el sexo. Las mujeres suelen tener dos iguales, llamadas X: son XX. Los hombres suelen tener una X y otra más pequeña, la Y: son XY. En el cromosoma Y está el gen SRY, que funciona como un interruptor: en el embrión, pone en marcha el desarrollo de un cuerpo masculino. Si no está, el cuerpo se desarrolla como femenino.

La prueba del COI busca ese gen con una muestra de saliva o de sangre. No es un invento olímpico. World Athletics, la federación internacional de atletismo, la exige desde el 1 de septiembre de 2025 para competir en la categoría femenina de sus campeonatos del mundo, después de que su grupo de trabajo concluyera que bajar la testosterona solo compensa en parte la ventaja masculina.

Tres semanas después del anuncio, el 17 de abril, el COI tuvo que aclarar qué significaba. Según recogieron Deia, Infobae y Cooperativa, dijo que no excluye a las deportistas trans, porque pueden competir en la categoría de su sexo biológico, y que los resultados anteriores no se tocan. Puso como ejemplo el oro de la boxeadora Imane Khelif en París 2024.

Tres países, tres respuestas

Inglaterra llegó antes, y por el camino de los tribunales. El Tribunal Supremo británico definió en abril de 2025 que «mujer», en su ley de igualdad, se refiere al sexo biológico, y la Federación de fútbol cerró el fútbol femenino a las mujeres trans a todos los niveles. Según contaron CNN y Sky Sports, la medida afectaba a unas 20 jugadoras registradas.

En Estados Unidos, el Tribunal Supremo resolvió el 30 de junio de este año, por seis votos a tres, que los estados pueden reservar los equipos escolares femeninos a las nacidas mujeres. Hay 27 estados con leyes así.

España va por el otro lado. Una ley nacional de 2023, la llamada ley trans, dice que en las competiciones federadas se aplican las normas que sean «justificadas y proporcionadas», y la mayoría de las leyes de sus comunidades autónomas dicen que las personas trans compiten según su identidad, «a todos los efectos». Según contó el diario El Español en abril, hay 14 comunidades con normas que habría que revisar para ajustarse al COI. La ministra de Deportes, Milagros Tolón, pidió tras la decisión olímpica que se garantice la igualdad y la inclusión de las personas trans que hacen deporte.

Los que han cerrado la categoría se apoyan en la misma idea: que la ventaja que da la pubertad masculina no se borra del todo. Ahí es justo donde la ciencia deja de decir una sola cosa.

Dos estudios que no miden lo mismo

El primero es una revisión de 2021, de Emma Hilton y Tommy Lundberg en la revista Sports Medicine. Sigue a mujeres trans que bajan la testosterona y mide cuánto pierden: al cabo de un año, en torno a un 5 % de masa magra, de área muscular y de fuerza. La fuerza de agarre, que es la que se mide apretando un aparato con la mano, baja un 7 % a los doce meses y un 9 % a los veinticuatro.

El segundo es de 2024, lo publicó el British Journal of Sports Medicine y lo pagó el propio COI. No sigue a nadie en el tiempo: compara, en un momento dado, a 23 mujeres trans deportistas con 21 mujeres que no lo son. Las dos tenían una testosterona parecida. Las mujeres trans apretaban más fuerte con la mano, 40,7 kilos frente a 34,2, pero saltaban menos en relación con su peso y tenían menos capacidad aeróbica. Sus autores concluyen que eso debería hacer desconfiar de las prohibiciones preventivas que no se basen en investigar cada deporte.

Lo curioso es que los dos lados usan el mismo estudio. Para quien defiende la regla, los 40,7 kilos contra 34,2 no son un detalle: «es una diferencia que decide finales». Para quien la discute, el mismo papel dice que no se prohíba sin mirar deporte por deporte. Y para quien intenta arbitrar, el número que pesa es otro:

Veintitrés. No es una base para prohibir ni para abrir.MiMo

Ninguno de los dos estudios es de un deporte concreto. Así que la pregunta que queda no es si hay ventaja, sino cuánta y dónde, y esa pregunta cambia de tamaño en cuanto se baja del estadio al polideportivo del barrio.

Un colegio no es un Mundial

La regla del COI no llega al colegio. Entonces, ¿por qué discutir si hay que llevarla hasta allí? La objeción tiene su lógica: el deporte escolar es educativo y el olímpico es de élite, y mezclar los dos mundos es, para algunos, el error de partida.

La respuesta más incómoda la dio quien pedía cautela: que justo en el recreo es donde más duele que te dejen fuera, y donde menos datos hay para justificarlo. Y la contraria, igual de seria: una chica que ha pasado entera la pubertad masculina puede arrasar en el salto de su liga escolar aunque aquello sea «deporte de base».

En medio aparecieron las ideas para no tener que elegir. Una, agrupar a los chavales por nivel de juego en vez de por sexo. Otra, más lejos, ligas en las que unos sensores recolocan a cada deportista según su fuerza y su ritmo. A la primera le contestaron con los deportes de contacto:

Quitar la categoría femenina en la escuela no la disuelve, la borra, y con ella el espacio que costó décadas ganar.DeepSeek

A la segunda, con el calendario:

Los sensores de dentro de 5 años no juegan el partido del sábado.GLM

Lo más revelador de esta parte es una frase que usan los dos bandos queriendo decir lo contrario: no hay que experimentar con menores. Para unos, experimentar es abrir la categoría y ver qué pasa. Para otros, experimentar es cerrarla sin saber a quién se deja fuera. «Es experimentar con quien no puede negarse», se dijo de lo primero; «excluir sin medir no es justicia, es miedo», de lo segundo. Las dos frases defienden a una niña, y no a la misma.

Las que no son trans y también se quedan fuera

Hay un grupo del que casi no se habla, y conviene explicarlo despacio, porque no son mujeres trans. Una mujer trans nació con cuerpo de varón y vive como mujer. Las mujeres con diferencias del desarrollo sexual, las llamadas DSD, son otra cosa: nacieron con un cuerpo en el que los cromosomas, las hormonas o los órganos sexuales no se desarrollaron del modo habitual, y fueron inscritas y criadas como niñas. Algunas tienen cromosomas XY, los que suelen tener los hombres, y el gen SRY. Hay quien no lo descubre hasta que una prueba se lo dice.

Y aquí está el problema: la prueba del COI solo mira si está el gen SRY. Si aparece, la deportista queda fuera de la categoría femenina, sea una mujer trans o una mujer con DSD, porque el COI considera que comparten las mismas características biológicas. Hay una excepción, escrita en la propia norma: si el cuerpo de la deportista no puede usar la testosterona —el caso más conocido se llama insensibilidad completa a los andrógenos—, puede pedir más pruebas para demostrarlo y seguir compitiendo como mujer. El COI dice que son casos extremadamente raros. Las demás, las que tienen el gen y cuyo cuerpo sí responde a la testosterona, se quedan fuera aunque hayan vivido siempre como mujeres.

Cuántas deportistas con DSD quedarán fuera es un dato que no aparece en ninguna de las fuentes de este artículo. Quien defendía la regla con más dureza lo llamó por su nombre, «daño colateral», y no lo retiró. La propuesta que salió de ahí es sencilla de enunciar:

Merecen un mecanismo de revisión propio, no ser colateral de una regla hecha para otros.MiMo

El caso de España, y cómo se sabría si una regla funciona

La pregunta que se discutió se centraba en España, porque es de los pocos sitios donde la ley va claramente en sentido contrario al COI. Tenía tres partes, y la tercera vale para cualquier país: cómo se sabría, dentro de unos años, si la regla elegida protege a las mujeres sin dejar fuera a nadie sin motivo. La respuesta que salió no es elegante, y tiene forma de escalera.

Arriba, en el deporte federado de élite, el criterio del COI, con la prueba genética. La ley trans española, en su artículo 26, admite las normas internacionales que sean «justificadas y proporcionadas», y hay quien lee que eso ya da la puerta para hacerlo. Abajo, en el deporte escolar y de base, nadie fuera, pero con la obligación de contar durante dos años: cuántas deportistas trans hay, en qué deportes, qué resultados sacan y qué lesiones hay. Para hacer la cuenta se propuso al Consejo Superior de Deportes, el organismo del Gobierno español que se ocupa del deporte, con una revisión a los dos años.

Las dos cifras que dirían si ha funcionado son estas, en España o en cualquier otro sitio: cuántas mujeres siguen compitiendo y cuántas personas trans dejan el deporte. Si la primera baja, la regla no protege. Si sube la segunda, la regla expulsa.

La objeción más seria a todo esto no vino de los extremos, sino de quien quería decidir ya. Dos años contando son dos años de competiciones con la regla de ahora, y las chicas que compiten hoy no son un borrador:

Midamos, sí. Pero midamos mientras decidimos, no en lugar de decidir.MiniMax

Del otro lado se señaló que no medir también es una decisión, y que España ya la ha tomado:

España va al extremo opuesto: 14 comunidades dicen «a todos los efectos» sin medir nada, y no hay ni una cifra oficial de deportistas trans. También es decidir a ciegas.GLM

Las tres chicas del principio no saben nada de esto, y hacen bien. Los Juegos de 2028 ya tienen una regla. Ellas tienen tres, según el país en el que les ha tocado entrenar.

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